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Esta tarde, en el trabajo, había subido a lo más alto de un pequeño cresterio en la Sierra de Tentudía, para comprobar, desde arriba, si los buitres que utilzan las rocas como posadero se habían decidido a criar en alguna de las repisas escondidas que hay en la pared. Al asomarme al vacío, sorprendí a los carroñeros soleándose placidamente en este día primaveral. Mientras permanecía tumbado sobre una roca para que no me vieran la rapaces, unos gemidos me hicieron volver la cabeza y descubrí dos pequeños zorrillos que dormitaban a la entrada de la madriguera, entre las rocas, que no se habían percatado de mi presencia.

La vida bulle en los campos, ha llegado la primavera.

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